
La campaña enfila su recta final, y a seis días de los comicios tomamos conciencia de la desaparición física de Zapatero, del culpable absoluto de este cataclismo.
Zapatero ha huido del foco de la escena dejando un país destruido por un tsunami y sin responder de todas las felonías cometidas en estos siete años. Se ha limitado a entonar un pueríl y cínico “Yo soy el responsable” que en absoluto puede bastar como elemento exculpatorio que zanje sus actuaciones.
Tenemos el ejemplo clarificador de Islandia, donde todo un primer ministro está a punto de ingresar en la cárcel .
Aquí, desgraciadamente,nada.
En vísperas de Navidad, el 22 de diciembre, el nuevo Gobierno de Rajoy tomará posesión de sus cargos y Zapatero se irá a León a supervisar nubes y determinar si son cirros, cúmulos o estratos. Aparecerá por Madrid para ejercer - es un decir... -, como consejero de Estado, lo cual es una broma de lo más macabra para un individuo que ha hundido al país en la miseria más profunda.
Zapatero se marcha tras causar el máximo daño posible a España. Si este país tuviera una democracia y una sociedad madura y concienciada de cuales son sus funciones y derechos, no permitiría bajo ningún concepto, que, quien ha presidido el Gobierno durante siete infaustos años, desaparezca de la escena como si aquí jamás hubiera ocurrido nada.
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