El debate para la tramitación de la reforma constitucional en el Congreso -destinada a garantizar el principio de estabilidad presupuestaria -, dejó ayer momentos para la posteridad.
El portavoz de CiU Duran Lérida acusó a los partidos firmantes de haber roto «el consenso constitucional» y amenazó al PSOE y al PP con un «choque de trenes» .
Teóricamente, la irritación del nacionalismo radica en el apartado 6 del nuevo artículo 135 , que impedirá que las autonomías establezcan su propio techo de gasto, pero la realidad es otra ; el cabreo monumental tiene su raíz en que su sueño de una España confederal marca ACME, se desvanece cuando PSOE y PP llegan a un pacto de Estado, como es el caso.
Esa irritación de Durán demuestra que el acuerdo no sólo es bueno si no que es necesario para el país.
La histeria virulenta que el pacto PSOE y PP ha causado en los nacionalistas -PNV, BNG, ERC-, acostumbradas a inclinar la balanza hacia la diestra o la siniestra, facilitando mayorías parlamentarias, es la muestra de que se puede acabar con el chantaje, con el mercadeo de votos, con la prostitución en la política y con estas "bien pagás" que son las formaciones nacionalistas.
El órdago de Durán puso de los nervios al PSOE hasta el punto de que Rubalcaba -tras cambiarse los pañales-, le convocó a una reunión posterior. Al final lo de CiU, fue un doble salto en plan Cirque du Soleil y no votaron ni sí, ni no, ni se ausentaron, ni se abstuvieron.
Simplemente no votaron.
Ese «choque de trenes» con el que amenazó Duran Lleida sólo puede acabar de una manera ; con el descarrilamiento de CiU, y por ende, de ese cáncer que es el nacionalismo chantajista, extorsionador y pedigüeño.
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