
No soy devota, ni muchísimo menos, de Salvador Sostres, columnista -a dia de hoy -, de el diario EL MUNDO. Pero reconozco que en esta ocasión tiene toda la razón en el artículo publicado ayer, donde se quejaba amargamente del espíritu funcionarial que asola nuestro país y -que en gran parte -, es responsable de los males que nos acucian y mortifican.
Dice Sostres:
"Lo funcionario ha ganado. Da lo mismo que gobierne el PSOE o el PP. Lo peor del espíritu funcionarial se ha impuesto sobre cualquier otro paradigma y es así como se siente, se respira y se legisla en España. El victimismo empleado es la textura moral de la vida pública española. La reforma laboral del PP deja en evidencia a sus autores. Cómo se nota que jamás han pagado una nómina ni han arriesgado un solo euro de su patrimonio para crear riqueza.
Cómo se nota que siempre han vivido con su sueldo garantizado, sin tener que bajar a la arena fundamental del mercado y la competitividad. Cómo se nota que no han conocido la tensión de ningún negocio, encerrados en su burbuja burócrata y funcionarial. Cómo se nota que nunca se han pasado varias noches sin dormir tratando de inventar algo para prosperar. Cómo se nota que no tienen ningún sentido de la empresa, ni del vértigo que produce que todo dependa de tu decisión y de tu empeño.
Cómo se nota que cuando hablan de dinero siempre es el dinero de los demás; cómo se nota que cuando hablan de esfuerzo es siempre del esfuerzo de los empresarios, y los impuestos de los empresarios, y los sacrificios de los empresarios, que son los que, con su valentía, con su riesgo y con sus manos, mantienen vivo el sistema y pagan los supuestos derechos adquiridos y todo lo demás.
Ni los dirigentes del PSOE ni los del PP saben realmente de lo que hablan cuando proponen sus reformas laborales. Alguien que no ha sentido la responsabilidad -ni el pavor- de tener que pagar un mínimo de 50 nóminas es un analfabeto de la economía real y es una temeridad confiarle la reforma laboral de un país que agoniza al borde de la bancarrota.
Lo que los empresarios necesitan es que les dejen en paz. Que dejen de ahorcarles con impuestos, que dejen de molestarles con absurdas regulaciones y demenciales burocracias. Que dejen de ponerles bajo sospecha y que alguien, de vez en cuando, les dé las gracias por pagarlo todo y hacer posible que el invento funcione. Y, sobre todo, necesitan poder adaptar su empresa a cada momento, adelgazándola sin coste cuando la situación económica no permita excesos. Es imprescindible que las empresas puedan hoy despedir sin arruinarse, porque así podrán sobrevivir y volver a contratar cuando el susto pase. 33 días por año trabajado es una barbaridad. 20 días por año trabajado continúa siendo un disparate.
La gente tiene que interiorizar que va a cobrar una parte del beneficio que genere y que éste es el único trato. Ni despidos improcedentes ni días personales. Un empleado es un proveedor como otro cualquiera. Tanto aporta, tanto cobra. Y si quiere vacaciones, que se las pague. Y si quiere un seguro médico, que se lo pague. Y si quiere poder retirarse a una edad, que contrate un plan de pensiones, y que también se lo pague. Yo le pago a usted su trabajo, y basta. Yo me casé sólo con mi mujer y a usted no le debo nada.
Sólo si tienen que pagárselo todo los empleados encontrarán una motivación inequívoca para acudir a su puesto de trabajo; sólo si sienten la verdadera necesidad de trabajar cuidarán de su empleo trabajando bien y sin causar baja. Sólo el temor tensa las almas -la Iglesia bien lo sabe- y sólo así las personas encuentran su sentido y los países, su vigor.
Pero ¿qué se puede esperar de un presidente y de unos ministros que, con su espíritu funcionarial y su analfabetismo empresarial, son precisamente el máximo exponente de lo que hay que erradicar en España?".
Un dato para recalcar lo señalado y expuesto por Sostres: desde el pasado mes de enero, tras aprobarse la supresión del complemento salarial por enfermedad, 2.450 empleados públicos que estaban de baja se han incorporado a su puesto de trabajo en la Comunidad de Madrid.
Una recuperación milagrosa.
Imaginen el panorama en el resto de España...
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