
Con la sentencia del Estatuto catalán aún en adobo, tres años de maceración para dar la puntilla al actual modelo de Estado; el caso del "chivatazo" del Bar Faisán desvelando hasta dónde pueden llegar la podredumbre moral y la ignominia, con policías avisando para que ETA pueda eludir una operación policial; el corolario lo pone la trama de corrupción encabezada por Francisco Correa que salpica a casi todo el PP- hasta calar en algún caso-, y que señala la degeneración de una casta política absolutamente envilecida .
El sumario instruido por Garzón revela los estrechos vínculos que unen a los cabecillas del caso Gürtel con dirigentes populares, así como con administraciones locales y autonómicas gobernadas por el partido que lidera -es un decir-, Mariano Rajoy.
Todo hay que ponerlo en suspenso, dado que la Justicia aún no ha dictado sentencia, pero el sumario desvela que Jesús Sepúlveda, ex marido de Ana Mato, habría llegado a cobrar un "sueldo" mensual de Correa mientras era uno de los responsables de la organización del partido.
Bárcenas habría recibido maletines de dinero de contratos de Fomento, mientras Ricardo Costa se habría conformado con caros y lujosos regalos.
Así el PP se tienta la ropa, reduciendo al mínimo su labor de oposición, porque hay demasiadas gaviotas comiendo y picoteando en el vertedero y están atados de pies, manos y alas para fiscalizar la corrupción del Gobierno, cuando ellos, al parecer, tienen el patio repleto de basura.
Hay muchas cosas por explicar, otras no están nada claras, pero el sumario ofrece suficientes datos para exigir las responsabilidades políticas que, todavía hoy, Rajoy se niega a ejecutar en un "tancredismo" propio de quien, incapaz de tomar decisiones en su debido momento, deja que los asuntos se pudran.A diferencia del montaje socialista de Filesa, en el que el principal beneficiario era el partido, el caso Gürtel pone en evidencia que la motivación era llevárselo crudo personas y dirigentes que utilizaban al PP para enriquecerse ilícitamente.
Si no los aparta radicalmente -al menos de modo temporal-, y si confía en las decisiones que los dirigentes regionales puedieran adoptar, tendrá que asumir los riesgos y consecuencias que ulteriormente se derivaren de ello.
Rajoy tendría que tomar la iniciativa, si no quiere salir por el albañal, y no dejar que gaviotas que acudían puntualmente a buscar su diario sustento al estercolero, pasen de las páginas de un sumario a las portadas de los periódicos, causando un daño irreparable a la imagen del PP.
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