
La nueva Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al tercer trimestre señala que el número de desempleados aumenta en 144.700 personas respecto de la cifra registrada en el segundo trimestre, alcanzando los 4.978.300 desempleados.
El récord absoluto de paro en este país.
En España ya hay 1.500.000 de hogares donde todos sus miembros están en paro.
El deterioro de la actividad económica se acelera. Y lo hace a ritmos desconocidos desde los años más duros de la crisis. Cada día, durante los meses de máxima actividad turística, se perdieron 1.595 empleos, lo que da idea de la profundidad de la crisis.
Pero las cifras son aún más terribles y dramáticas, sin el tratamiento y el maquillaje que se da desde la fontanería del Gobierno. Si se desestacionalizan las cifras –como hace el propio Ministerio de Economía- para poder hacer comparaciones más homogéneas y acordes con la realidad del momento, el resultado es estremecedor.
El tercer trimestre del año se ha cerrado con 5.095.200 parados, con un impresionante avance de 287.000 desempleados más en términos desestacionalizados, que es la mejor forma de medir el hundimiento trágico de este país, la descarnada realidad del desempleo.
Estamos en una situación de emergencia nacional a veinticuatro días de las elecciones generales.
Y el Gobierno, en vez de acometer las reformas que desde Bruselas se le exigen, como es el compromiso ineludible de rebajar el déficit al 6% este año, se dedica a retozar entre las sábanas con los terroristas y traicionar a las víctimas que se manifiestan mañana a las 13:00 horas en la Plaza de la República Dominicana de Madrid, exigiendo justicia frente a la impunidad de los asesinos.
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