Decía Tom Wolfe, que "la izquierda siempre está presente en temas donde la muerte ronde; aborto, eutanasia,...y que nunca sale en defensa de la vida, salvo para evitar que ejecuten a un asesino en serie en la silla eléctrica, con veinte asesinatos a sus espaldas".
La Junta de Andalucia, ese régimen remedo del PRI, ha puesto en marcha la Ley de Derechos y Garantías de la Dignidad de las Personas en el Proceso de la Muerte.
El texto también plasma que los profesionales sanitarios que atiendan al paciente en su fase terminal deberán respetar también sus decisiones sin imponer sus opiniones personales.
O sea, que el médico ha pasado del Juramento Hipocrático, a subalterno puntillero que le dará matarile al enfermo en el momento oportuno.
"Todo el mundo tiene derecho a morir dignamente", dice la consejera Montero, sin explicar que es morir "indignamente", un misterio visto lo visto.
A morir, en la Andalucia Imparable de Manolito Chaves, se tiene derecho.
A trabajar, no, en una comunidad que es la que mayor número de parados tiene. Como mucho, a cobrar el PER.
El planteamiento de eliminación de enfermos, acojona más cuando se establecen multas de un millón de euros, a aquel médico que decida prolongar la vida de sus pacientes". Toma ya.
Nada de velar por la vida del enfermo: la doctrina Montes.
El colmo del despopósito, llega cuando se autoriza a que un menor de edad (dieciseis años), decida si quiere vivir o no, o poner fin a sus dias.
O sea; que con dieciseis años no puedes comprar legalmente un paquete de "Marlboro" o tomarte un "Jack Daniels" doble con hielo, pero si decidir que te quieres ir al otro barrio en manos de los coleguis de Montes.
No puede conducir una criatura de dieciseis años, pero si obtener el pasaporte para abandonar este valle de lágrimas y la Andalucia Imparable de Manolito.
Acojonante.
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