domingo, noviembre 02, 2008

Historias de Roma


La historia de Doña Angela, me la trasladó un amigo sacerdote, el padre Doménico, que es su confesor y director espiritual desde hace casi veinticinco años.
Doña Angela es oficialmente viuda de un diplomático uruguayo, y vive en pequeño palacete en el Trastevere. Hace treinta años, mientras pasaban unas vacaciones en la Toscana, el coche de Don Ubaldo y Doña Angela se estrelló contra una furgoneta, muriendo en el acto el diplomático y quedando gravemente herida ella.

Doña Angela pasó cinco meses en coma, debatiéndose entre la vida y la muerte, y al despertar no recordaba absolutamente nada.
Tras una larga convalecencia, doña Angela parecía haber asumido su viudedad y su nuevo estado de soledad entre los muros del palacete.
No tenían hijos, y tras morir Ubaldo, las relaciones con sus sobrinos de Milán se enfriaron hasta tal punto que al hacer testamento Doña Angela, decidió donar sus bienes y fortuna a un convento de monjas de clausura de Roma, la ciudad que tanto amaba.
Así transcurría su vida durante esos años, hasta que hace un lustro, doña Angela empezó a canturrear todas las mañanas, a salir a la calle a pasear con sus mejores galas y a recitar pasajes de óperas que la apasionaban a voz en grito a las cuatro de la madrugada.
Empezó a despedir al servicio, hasta quedarse sólo con su vieja ama de llaves, septuagenaria como ella.
Doña Angela organizaba meriendas en su palacete todas las tardes, a las que invitaba a amigas imaginarias, otras ya fallecidas, y se pasaba toda la tarde parloteando a una colección de sillas vacías ante los ojos preocupados y estupefactos de su vieja ama de llaves.
El padre Doménico, preocupado por el estado de Doña Angela, insistió en acompañarla al médico, donde tras numerosos análisis, un neurólogo le diagnóstico el síndrome de Korsakoff .
Nada se podía hacer salvo tener paciencia y obviar en lo posible el comportamiento errático de Doña Angela.
Ella seguía dando sus paseos matinales y vespertinos con normalidad, hasta que hace dos años, en una callejuela cercana a la Fontana de Trevi , se paró frente a un mendigo sentado en un portal.

-Ubaldo,...¡mira que te gusta perder el tiempo sentado observando a la gente!.

El mendigo, un alcohólico llamado Giancarlo, la miró anonadado.
Él trabajaba de trapero y pedía limosna en los aledaños de la Fontana, huyendo de los carabinieri que incordiaban a los mendicantes que molestaban a los turistas.
Doña Angela se sentó junto a él en el escalón, y comenzó a parlotear sobre esto y aquello, como siempre había hecho con su marido Ubaldo.
Desde ese día, todas las mañanas y tardes se sentaba junto al trapero, que conversaba con doña Angela siguiéndole la corriente, hasta que un día ella insistió en que tenían que volver a casa.
El mendigo en un principio dudó, pero tal fue la insistencia que decidió seguir a la vieja dama al palacete de Trastevere.
Allí se duchó, se afeitó la barba descuidada y rala, y se vistió con las ropas del fallecido Ubaldo que le quedaban como un guante.
Giancarlo no podía dar crédito a lo que sucedía, y a pesar de que él insistía una y otra vez en que no era Ubaldo, sino un mendigo llamado Giancarlo natural de Siena, soltero y alcohólico, Doña Angela no lo escuchaba y seguía con su tratamiento marital como si tal cosa.
Enterado el padre Doménico de lo acontecido, acudió a hablar con Doña Angela, que se mostró encantada de que el sacerdote se quedara a cenar con ella y su marido.
En el transcurso de la cena, a pesar de que el padre Doménico le explicaba que ese señor que vestía los trajes y camisas de seda no era su marido, sino un mendigo reciclado, ella no atendía a nada del discurso y canturreaba divertída mientras acariciaba el pelo blanco de Giancarlo/Ubaldo.
Desde aquel día, y tras mucho meditarlo, el padre Doménico decidió que aquella resurección de don Ubaldo hacía feliz a la anciana señora, y que por azar del destino que diría Paul Auster , se hacía una obra de caridad rescatando del arroyo a un indigente alcoholizado y decrépito.
Ahora los dos ancianos viven felices y salen a pasear todas las mañanas si hace buen tiempo.
Ya nadie llama al ex mendigo Giancarlo, sino Don Ubaldo, con lo que la catarsis colectiva sobre la resurección ha sido asumida por el vecindario con total naturalidad.
Como diría el padre Doménico...."cosas de Roma ".

gutisiempre@hotmail.com

22 comentarios:

amaya dijo...

¡¡¡Qué historia tan maravillosa y sorprendente!!!.
Es de las cosas más increibles y entrañables que he leido en muchísimo tiempo.
Gracias,Guti,por hacernos partícipe de ella.

santiago dijo...

Una historia alucinante e impactante.
Genial,Guti.

sempietnos dijo...

Impresionante,Guti.
He leido la historia tres veces.
Es reconfortante que ocurran cosas así,entre mágicas y tiernas,que te reconcilian con la vida y con los seres humanos.

risquett dijo...

Una historia impresionante,Guti.
Y como dice Sempietnos, de las que te dejan ese buen sabor de boca que te reconcilia con la humanidad.

francisco dijo...

Aún estoy anodado, Guti.
¡¡Qué pedazo de maravilla!!.
No sólo es entrañable y maravillosa, es que te permite pensar que hay "hilos mágicos" en este mundo que permiten que que ocurran cosas tan deliciosas como la que narras en tu post.
Un saludo.

blaster dijo...

Una historia maravillosa,Guti.
Gracias.

Miguel A. dijo...

Es una historia verdaderamente buena. Yo también me la he releído varias veces.

Un saludo

josevillano77 dijo...

¡Bellísima historia!

Mike dijo...

La historia da mucho que pesar y sentir.

A mí me pasa muchas veces por semana, cuando voy como voluntario a la residencia de ancianos donde trabaja mi esposa Sonia.

Veo y vivo historias de las que los que aún somos jóvenes tenemos mucho que aprender.

Saludos.

Terly dijo...

Guti:
La historia es preciosa y emotiva pero hay que decir también que la has relatado con una finura y una delicadez extraordinarias haciéndola, si cabe, aún más enternecedora. Felicidades y un abrazo.

Antecedente dijo...

Sin duda, una bella historia relatada magistralmente. ¿Por qué no harán cine con guiones de esta naturaleza?

Un saludo!

Álvaro Ortega dijo...

Me has dejado de piedra ;-)

Como aquí se ha dicho, es una historia que te deja altamente impactado y alucinado.

Un Saludo.

J. F. Sebastian dijo...

Imagino que habrás leído la genial 'El hombre que confundió a su mujer con su sombrero' de Oliver Sacks. Tu relato es muy similar al de 'El marinero perdido' quién también padeció el Korsakoff, supuestamente causado por la destrucción alcohólica de los cuerpos mamilares del cerebro. No me parece que esta buena señora le diese al vodka en sus meriendas. Aunque quizá esté equivocado...

Hermosa historia.

Republica Rojigualda dijo...

Muchas gracias, Guti por esta tierna y emocionante historia, que me ha hecho humedecer los ojos.

Estoy con antecedente, deberían hacer más películas de este estilo en lugar del zafio cine español.

gueRRera de la LUZ dijo...

Jajajaja qué genial¡¡

Los caminos del Señor son verdaderamente inexcrutables...

Un beso.

Fernando Solera dijo...

Qué historia tan bonita. Con casos como éste se demuestra que la realidad supera a la ficción. Hasta tal punto, que si esta historia fuese recogida en una película, la gente seguro que diría "esto en la vida real no puede pasar". Real como la vida misma. Y maravillosa.

jam dijo...

Bonita historia, Guti. Sorprende por su sensibilidad y belleza. Digna de un guión de Hollywood. Salu2

Martha Colmenares dijo...

Muy interesante.
Saludos

gutiforever dijo...

Como me ha llegado varios emails preguntándome sobre el mismo asunto,lo aclaro:la historia es absolutamente real.
Yo sólo me he limitado ac ontarla.
Y gracias por los halagos inmerecidos.

Morgenrot dijo...

Guti, tus historias italianas me están embaucando...vamos que me están entrando unas ganas terribles de volver a Italia.

Lo de esta señora, parece un don de Dios , para élla y para el mendigo reconvertido . ¿ Quién le iba a decir al pobre hombre que su vida giraría 360 grados ?

Y es que las cosas siempre pasan por algo, y donde esté la mano de Dios...

Besos y gracias por hacernos partícipes de tan bella historia

gutiforever dijo...

MONGEROT:
Muchísimas gracias por el halago.
Si decide venir a Roma, aquí tiene a su disposición un cicerone full-time.
Saludos.

Morgenrot dijo...

Gracias a tí Guti.

Sin duda, te preguntaré al menos por la Madonna del español, porque no me la pierdo.

Un besote bien fuerte