sábado, septiembre 14, 2013

Torres Dulce en Almagro



Joaquín Rodríguez, Cagancho, fue uno de los más famosos toreros de su época, allá por las primeras décadas del siglo pasado. En los años veinte los toros eran toros, no estas cabras con pretensiones que torean El Juli y cía por esas plazas de Dios.

Por eso, cuando en agosto de 1927 se anunció que torearía Cagancho en Almagro, todo el mundo tuvo claro que se produciría una auténtica marea humana en dirección al pueblo, como hoy en día se producen donde torea el maestro de Galapagar.

Salió al ruedo un primer toro colorado de la ganadería de Pérez Tabernero. Tomó seis varas y mandó al suelo a varios jinetes y Cagancho no movió una pestaña. Ni un quite.
A la mínima que el toro le miraba, echaba a correr. Visto el panorama, Cagancho hizo algo increíble: estoqueó al toro en el cuello, y después en el brazuelo.
Las crónicas cuentan que pinchó nueve veces más y entró a descabellar cinco y al coso llovieron almohadillas, botellas y cualquier objeto sólido que los aficionados tuvieran a mano.

En su segundo toro, la cosa empeoró. En la suerte de varas, el morlaco mató a varios caballos y Cagancho decidió que -amén de torear con el pico -, iba a despachar al astado rápido. Al pasar a su lado, le largó un espadazo en el vientre, y luego otro.
El toro se revolvió y Cagancho corrió como Usain Bolt hacia el callejón. El tercer aviso que significaba que el toro es devuelto al corral, sonó mientras Cagancho seguía intentando matar al animal sin salir de la barrera.
Lo hacía pinchándole en los costados, a navajazo limpio como vulgar chori de las Tres Mil viviendas vestido con traje de luces.

La turba saltó al ruedo y Caganchó sufrió varias agresiones. Si no lo colgaron por los testículos, fue por que la Guardia Civil y un destacamento del Ejército cargaron contra la muchedumbre a golpe de bayoneta y culatazos de fusil.

Emulando a Cagancho, el fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce, se ha refugiado en el callejón y ha apoyado el recurso presentado por la Fiscalía Anticorrupción contra el auto de la juez Alaya sobre los expresidentes de la Junta Manuel Chaves y José Antonio Griñán por "falta de concreción y motivación en algunos extremos".

Sorprende - o no...-, que el argumentario florido de la Fiscalía Anticorrupción sea un calco del utilizado por los socialistas a la hora de arremeter contra la juez Alaya. 
Y eso, que el fiscal del Estado ha asegurado que las decisiones de la Fiscalía se toman "de forma autónoma", explicación que se antoja innecesaria salvo que responda a todo lo contrario.

Y es que da la sensación de que Torres Dulce, como Cagancho, no sólo no va dar un pase al morlaco en cuestión si no que se ha refugiado en el callejón preso del complejo "no vayan a pensar que Alaya es de los nuestros".
Por que a estas alturas de la corrida, una juez imparcial, que realiza su trabajo, es vista como un ente incómodo que perturba no sólo la partitocracia instalada si no que agita los sempiternos complejos del PP que tanto daño han causado - y causan... - a su gestión de gobierno.

Veremos si Torres Dulce se acaba manchando la toga - o no... - en el polvo del camino....

natpastor@gmail.com

2 comentarios:

C S Peinado dijo...

Alaya se acerca indecorosamente a los entresijos de una Junta corrupta desde sus inicios y que amenaza con hacer aguas por todos lados. En loor de esa tradición no escrita por la cual todos los politicastros de España tienen que protegerse unos a otros sin importar el partido en que radiquen para que no se les hunda el chollo y teniendo en cuenta la politización absoluta del sistema judicial que no Justicia, que de eso no tenemos, el Fiscal General sale en la ayuda de las corruptelas para protegerlas de la Jueza que está, sorpresivamente, haciendo su trabajo.

Nunca veremos a un político en la cárcel, aunque es posible que si la cosa sigue así, lo veamos pendiendo del mastil de alguna bandera...

Un saludazo.

jano dijo...

Querida Natalia: No sé lo que hará Torres Dulce pero sí sé lo que hace el resto de la judicatura en este país: LAMERLE LAS PARTES AL PODER POLÍTICO Y ECONÓMICO.
La ¿justicia? ( con minúscula e interrogación) de España está tan corrompida como la propia política y es una réplica de la misma. El ciudadano que acude a los Tribunales de Justicia tiene que vomitar cuando le llega la sentencia, en la mayoría de los casos, y asumir que el último recurso racional y civilizado está al servicio de la bobaliconería política (ese buenismo supermegaguay que practicó Zapatero),del poder económico, y de unos jueces/as que han perdido el norte con la promoción mediática iniciada por Garzón.
Después llega Gallardón y acaba de rematar la faena con el pago de la justicia (con minúsculas)para los usuarios viciosos o forzosos. La justicia en este país no existe y los que deberían impartirla cada día, en su soberbia, se alejan de la realidad y de su misión como funcionarios. No conozco un colectivo más soberbioso que el de los jueces, que se creen Dios.
Un saludo.