domingo, enero 05, 2014

Un hombre solo

                                             

La honorabilidad de una persona no es propiamente una noción jurídica. El juicio que asigna a un individuo buena o mala fama aprecia matices de conducta que escapan al campo estricto del Derecho. Pero los romanos señalaron limitaciones para el ejercicio de determinadas actividades jurídicas a los ciudadanos que no gozaban de una limpia fama (status illaesae existimationis). Surgen así las nociones de infamia y turpitudo, llamadas también, respectivamente, infamia iuris e infamia facti.

En el primero de estos tipos de falta de honorabilidad -infamia- sucedía que, o las causas productoras de tal estado se hallaban fijadas de antemano por el derecho positivo, o la apreciación del deshonor se concretaba en la sentencia de un magistrado. Por ello los comentaristas, desde la época de los glosadores, suelen hacer en la infamia propiamente dicha una distinción en infamia inmediata, en la que se incurría dedicándose a ciertas profesiones o realizando determinados actos indicados unas y otros por la ley, e infamia mediata, para caer en la cual se requería una decisión judicial.

En la turpitudo, la mala reputación de un sujeto expresa simplemente el parecer de la sociedad en que vive; es obra de la opinión pública.

Ayer asistimos en el matadero -hasta el lugar es representativo... - de Durango, a un acto vomitivo y repugnante organizado por los asesinos de ETA excarcelados por el fin de la doctrina Parot.
El acto fue autorizado por el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz - íntimo amigo de Garzón- y se limitó a la lectura de dos comunicados: uno de los excarcelados de ETA por el fin de la doctrina Parot y otro del grupo de mediadores con el EPPK.
Los terroristas no admitieron preguntas  y sólo un periodista con la dignidad que les faltaba a otros colegas de profesión, levantó la voz y se dirigió a los asesinos sobre por qué no pedían perdón por los asesinatos cometidos.

  - "¿No van a pedir perdón a las víctimas?", preguntó Cake Minuesa.
 -  "309 víctimas. ¿No tenéis nada que decir? Si alguno queréis pedir perdón... Si habláis de un conflicto, de un problema, de paz, lo suyo es pedir perdón".
 -  "No tenéis la hombría, la dignidad y la vergüenza de decir 'queremos pedir perdón'. ¿Qué habéis ganado matando?".

Me recordaba Minuesa, solo, digno, rodeado de matones frente a los asesinos de ETA y a unos compañeros periodistas silentes, menguantes en sus asientos, a Will Kane (Gary Cooper), el sheriff del pequeño pueblo de Hadleyville, en "Solo ante el peligro".
Cuanto mayor es la tensión, mayor es su soledad.
Y la nuestra.

 natpastor@gmail.com



3 comentarios:

claudesolenprimera dijo...

Natalia mi opinión es que cuando una persona le quita la vida a otra deben condenarlo para toda la vida , el don mas preciado que tenemos los hombres es la vida y no podemos ni de vemos consentir
que nadie nos la quite y menos por política.
Los Españoles hemos botado una constitución, debemos respetarla por el bien de todos no podemos
ir matando a la gente por la espalda ni en la nuca.

El derecho a decidir es de todos los españoles no de asesinos , ni de políticos Catalanes, por lo único que tenemos que luchar los españoles y todos unidos es por sacar a España de donde nos a
metido ZP y toda su gentuza una nación no puede ser mandada por gente incompetente que no tenga amor a su bandera y a ESPAÑA.

velarde dijo...

Enorme, valiente y con principios...cuantos pseudoperiodistas deberian aprender lecciones de este calibre, el gesto mas autentico que he visto en mucho tiempo en este infame pais.

Trecce dijo...

Se cumple punto por punto, el guión que los más pesimistas barruntábamos desde hace mucho.
La pena de todo esto es la cantidad de personas y familias que han dado lo mejor de sí (incluso la vida), engañados por los de siempre, a quienes se les llena la boca de sagradas palabras (patria, deber, orgullo, bandera, nación...) pero dejan que sean otros quienes las defiendan cuando están en peligro y ellos, ahora, pactan con quien sea en pos de otras palabras: Paz, entendimiento, perdón, altura de miras... ¿Y los muertos?