
En ocho días, el juez instructor
Luciano Varela dictará auto de apertura de juicio oral, y el próximo 22 de abril el Consejo General del Poder Judicial apartará a Baltasar Garzón de la Audiencia Nacional.
La caída del juez estrella al banquillo de los acusados, imputado por prevaricador, ha movilizado a la ultraizquierda de este país al toque de silbato y a todos los palmeros que han jalaedo los atropellos
garzonitas por intereses sectarios y políticos.
Uno de los objetivos de esa ultraizquierda
no es siquiera "salvar" al magistrado, sino poner fin a la Ley de Amnistía de 1977. Ya se han producido manifestaciones de ese corte ante la Audiencia Nacional, y
el 13 de abril UGT y CCOO,- que no se han manifestado en defensa de los de más de 5.000.000 de parados -, celebrarán un acto conjunto de respaldo en Madrid.
La verdadera “Causa General”, fue ordenada por Decreto de 26 de abril de 1940, y se siguió para depurar las responsabilidades delictivas que se hubieren cometido en el transcurso de la guerra civil española. Es un inmenso documento que se encuentra en la actualidad en el Archivo Histórico Nacional, en donde –previos los oportunos permisos- puede ser consultado por los investigadores.
Desde el punto de vista estrictamente penal, l
as responsabilidades por los hechos que dieron lugar a las actuaciones judiciales de que se trata, están ampliamente prescritas, y así se dejó sentado, mucho antes de la llamada transición democrática, en el Decreto-Ley de 31 de marzo de 1969 . Y desde el punto de vista político y moral, estaban en camino de un dolorido y voluntario olvido.
Por grandeza de alma en muchos casos, por conveniencia en otros, a nadie le interesaba remover tumbas ni agitar recuerdos. Incluso algunos de los protagonistas, como
Santiago Carrillo y Dolores Ibarruri
"la Pasionaria", conscientes de que poco tenían que ganar y mucho que perder, alzaron bandera de “reconciliación nacional” y se sumaron a la alianza del silencio.
Pero ahora, al cabo de veinticinco años, atenuada la memoria histórica por el puro paso del tiempo y por la muerte de muchos de los testigos, se ha emprendido desde el PSOE una pasmosa damnatio memoriae, al estilo de los faraones que borraban el rastro de quienes les precedieron, queriendo reescribir la historia, divulgando y enfatizando las responsabilidades del bando nacional y relegando al olvido las del propio.
Hasta tal punto se ha llegado en este esperpento, que el discurso ha calado en los medios internacionales que se han ocupado del caso Garzón.
The New York Times o la BBC han planteado el problema en torno al juez de la Audiencia Nacional como una respuesta del Estado a su interés por los crímenes del franquismo, en lugar de analizar que está sentado en el banquillo por prevaricador.
Porque de eso es de lo que se trata: de un juez imputado por prevaricador.
Así de simple.
Así de sencillo.
natpastor@gmail.com