jueves, abril 24, 2008

Justicias e injusticias


Ahora que estamos inmersos en una diatriba sobre errores judiciales, abandono e indefensión de las víctimas, caos en el sistema, atasco en los juzgados, leyes permisivas con los delincuentes y asesinos, la sociedad reacciona con virulencia y violencia, incluso con intentos de linchamiento en algunas ocasiones.
¿Esta justificada uan reacción así?,¿son tics xenófobos o racistas?,¿los ciudadanos ya no confian en la Justicia?. Arturo Pérez Reverte, desde su particular óptica, lanza una mirada en su columna de El Semanal, del pasado 20 de Abril.

En legitima venganza.


La cosa iba de niñas, estafadores, impunidades delictivas y cosas así, y alguien dijo: "Lo inadmisible es la justicia entendida como venganza". Luego me miró con la certeza imbatible de quien tiene la Verdad y la Humanidad sentadas en un hombro, como el loro del pirata. No dije nada, pues hace tiempo descubrí lo inútil de las discusiones: cada uno finge escuchar al otro mientras prepara argumentos para la siguiente replica. Así que, para ahorrar saliva y esfuerzo, suelo dejar que hablen los demás. Despues ya me las arreglo para decir lo que tenga que decir, en mis novelas, o aquí mismo. Es cierto que, a veces, ante la demagogia de todo a cien, no me puedo aguantar e imito al conde de Montecristo. Juas, juas, hago. Sin argumentos, razones ni nada. Risa por la cara. Luego doy la vuelta y me largo. A leer, por ejemplo. Dirán algunos que eso es fascismo dialéctico, y que todas las ideas son respetables. Pero se equivocan. Ninguna gilipollez es respetable. Lo único respetable es el derecho de cada cual a expresar cualquier gilipollez. Tan respetable como, acto seguido, el derecho de los otros a llamarlo gilipollas. Hoy quiero hablarles de justicia y venganza. Punto de vista subjetivo, claro; sometido a error y parcialidades varias. Resultado de cincuenta y siete años de vida, algunos viajes y libros, y no fraguado en el buenismo idiota -y suicida- de quienes creen vivir en el bosquecito de Bambi. La cosa se resume en una pregunta: ¿Qué tiene de malo la venganza?... Ya se que en la sociedad occidental esa palabra tiene mala prensa. Hay que perdonar a los que ofenden, alumbrar su camino, reinsertarlos pronto y demás. Pero olvidamos algo: el sentimiento de venganza, de reparación personal, está en nuestro instinto. Viene, supongo, del tiempo en que saliamos de la cueva para buscarle una chuleta de mamut a la familia. En mi opinión, la venganza -en sus formas antiguas o modernas- no es mala. Resulta higiénica para la salud mental, y frustra mucho verse privado de ella. Lo que ocurre es que, para que la sociedad no sea un continuo e incómodo navajeo, los hombres resolvimos confiar al Estado el monopolio de nuestros ajustes de cuentas. Ofendidos, queriendo venganza y reparación de quienes nos ofendieron, cedemos ese impulso natural a la institución que nos rige y representa; y a esta corresponde resarcirnos del daño recibido, alejar o anular el peligro social que el ofensor pueda suponer, y satisfacer, castigando adecuadamente a este, nuestro lógico, instintivo, atávico deseo de venganza. No es casual que sean precisamente los grupos marginales, que no creen en la sociedad o comparten sus códigos, los que procuran siempre tomarse la venganza por su mano. O que, en las películas, nos guste y tranquilice que al final muera el malo. Y es que el problema, a mi juicio, surge cuando el Estado se revela incapaz de corresponder al compromiso. De cumplir con su obligación. Viene entonces la frustración de quienes se ven sin reparación, indefensos ante el mal causado. De quienes ven al asesino pasear impune por la calle, al estafador disfrutar de su dinero, al violador salir el fin de semana para repetir exactamente lo que lo puso entre rejas. De quienes ven sus deseos bloqueados en la maraña de incompetencia, burocracia, desidia, demagogia y mala fe que caracteriza a toda sociedad humana. Y además, como guinda, deben tragarse el discurso mascado por quienes ahondan cada vez mas, por ignorancia, estupidez o cálculo interesado, el abismo entre la teoría y la realidad. Entre vida real y vida ideal. Y el de los simples que se lo tragan. El de los ciudadanos razonables y civilizados que dicen odiar el delito pero compadecer y ayudar al delincuente: discurso que queda chachi en la tele, en el editorial de periódico o en el cafe con los amigos, pero que se esfuma cuando sale tu número. Cuando roban en tu casa, asaltan en tu calle o violan a tu hija. Solo una sociedad firme y segura de sí, dura con los transgresores -e implacable con los vigilantes de los transgresores cuando cruzan la raya- hace innecesaria la venganza personal. Una sociedad capaz de protegerse con justicia y serenidad, pero sin complejos. Sin mariconadas de telediario. Cuando no es así, las leyes hechas para proteger a la gente honrada se vuelven contra ella misma. La atan de manos, convirtiéndose en escudo de sinverguenzas, depredadores y bestias sin conciencia. Frustran la esperanza de los ofendidos y les hacen lamentar, a veces, verse privados de la posibilidad de satisfacer ellos mismos el ansia legítima de venganza que el Estado timorato, torpe, ineficaz, no resuelve en su nombre. Puestos a eso, uno acaba prefiriendo -y ahí esta el verdadero peligro- un calibre doce, posta lobera, dejadme solo y pumba, pumba. Lo demás, en última instancia, es retórica y son milongas.

sempietnos@hotmail.com

12 comentarios:

tejón dijo...

Cuando la justicia no actúa, el pueblo revienta y pasan estas cosas

amaya dijo...

Lo mas extraño es que esto no pase mas a menudo ¿que hacia la justicia? ¿a que extremo se debe llegar?

francisco dijo...

Es desolador, que un pueblo tenga que llega a estos extremos, porque las autoridades no hayan sabido adoptar una solución a estos problemas con anterioridad.

álvaro dijo...

Lamentablemente vamos a acabar tomándonos las justicia por la amno, en sentido literal;, cuando la justicia no actua, actua el pueblo.

dax dijo...

La justicia no da la talla.

julio andradas dijo...

No se trata de falta de civismo o educación de los ciudadanos de este pais, mas bien es la explosión del hartazgo de unas personas normales que están hasta el gorro de la impunidad que gozan delincuentes,asesinos o pederastas como el que asesinó a Mari Luz o Sandra Palo..
Ésto es debido a la ineficacia y lentitud de la Justicia y la leyes penales.
En España hemos pasado de la represión al "todo vale". Pues, debemos saber que a las libertades les acompañan unas obligaciones, y una vez que sean incumplidas, debe haber unos mecanismos legales de prevención y castigo.

lucas dijo...

Es lo que pasa cuando la justicia es un pitorreo y la gentuza campa a sus anchas haciendo y deshaciendo a su antojo, que llega un momento que al pueblo se le hinchan las narices y entonces hay que protejer a aquellos que en un primer momento tenian que estar encerrados.

villanueva dijo...

¡Cómo estará de harta la gente para llegar a éstos extremos, en un país que no nos ponemos de acuerdo ni en las reuniones de la comunidad de vecinos!

antonio montero dijo...

Cuando la justicia no cumple como debe, y permite que unos pocos asesinen o violen sin ningún castigo, o con penas que son de risa cuando no están libres por fallos judiciales, , al final ocurre lo que estamos viendo.
Coincido con Pérez-Reverte.

Fernando Solera dijo...

¡Ah!, ¿pero es que sigue existiendo el Estado?

Mike dijo...

¡Claro que existe el estado, hombre! El estado de Crisis. Lo inauguramos hace ya mas de un año, pero La Ceja lo tenía tapado para que no lo viesen quienes no querían verlo.

Saludos a todos.

Natalia, trabajas mucho y muy bien, ¡¡¡pero sólamente te añado a mi blogroll porque no soportas a Smiley!!!

Saludos a todos.

Natalia Pastor dijo...

Gracias,Mike,pero los que trabajan de verdad, son Sempietnos,Gutiforever y Julio Andradas.